Trámites de mierda
Cuando la administración hace cosas sin mayor finalidad que demostrar quién tiene la sartén por el mango
Hace unos años estuvo de moda el libro Bullshit Jobs: a Theory, traducido al español como Trabajos de mierda. La obra de David Graeber, polémica y liberadora en su tiempo, partía de la base de que gran parte de los trabajos de la sociedad postcapitalista tenía por finalidad demostrar el poder del capital.
A lo largo de la obra, Graeber establece una clasificación de 5 categorías de trabajos que carecen de utilidad real. Su papel es desde mostrar el poder del empleador, a amenazar a sus interlocutores o dificultar el contacto con él. La obra tuvo, com digo, un cierto éxito en 2018, y ganó algo de interés de nuevo en 2021. En mitad de la crisis del COVID Graeber vio avalada su tesis cuando señaló acertadamente que durante la emergencia sanitaria ninguno de estos trabajos se consideraron fundamentales. Como decía, no era sorprendente que no se listara como actividad fundamental a los consultores de marketing, lo que, habiendo dedicado parte de mi vida a la consultoría de marketing me resultó muy gracioso. Graeber es libertario anticapitalista (muy distinto de los muy en boga libertarios capitalistas que se esfuerzan paradójicamente en llegar al gobierno) y la obra pasa de un análisis de sociología industrial notable a un ensayo político más soso.
El caso, es que desde que lo leí, he tenido ganas de traer esto a mi terreno y hacer una reflexión sobre los trámites de mierda, y por fin ha llegado el momento.
Vaya por delante que una parte por la que he dudado tanto en hacer este artículo es que soy respetuoso con el trabajo de la gente. Asumo que casi nadie hace su trabajo mal a propósito y que la gestión pública presenta complejidades difíciles de apreciar desde fuera que pueden justificar un trámite. Sin embargo, cualquier persona es susceptible de haber vivido situaciones en las que la administración no sólo tiene una posición de poder, sino que además se esfuerza en recordar el poco margen de acción que tenemos ante ellas .
Trámites de mierda: una teoría
¿Qué es un trámite de mierda? Un trámite de mierda es un trámite que está ideado para que en su propia naturaleza, finalidad o ejecución recuerde al ciudadano el poder de la Administración en su relación de manera innecesaria o desproporcionada. Es decir, serían trámites de mierda aquellos que caigan en uno de estas situaciones:
No tengan una finalidad real o necesaria, más allá de afianzar la posición de dominio de la administración
Abuse de la posición de la administración más allá de los límites del interés general que debe garantizar
Utilice de manera desproporcionada los recursos propios del derecho administrativo para apabullar a quien debe realizar el trámite
Esto lo hace complejo, dado que no todo el mundo es igual de apabullable e intimidable. Un abogado experto en derecho administrativo apreciará menos trámites de mierda que una persona sin conocimientos específicos en la materia. No obstante, lo relevante no es tanto la objetividad de la naturaleza de “mierda” del propio trámite, como la sensación que deja de vulnerabilidad, impotencia y frustración en cualquier persona objeto de ese trámite.
Hay que señalar que la “mierdez” del trámite abarca no sólo su finalidad o función, sino el estilo. La presentación del trámite, su nombre, o la experiencia que supone realizarlo también sirven para calificar este trámite.
Por otro lado, hay que considerar que los trámites de mierda afectan no sólo a personas físicas. Evidentemente las empresas (SL sobre todo) el tercer sector e incluso múltiples administraciones son objeto de estos trámites. Lo malo es que, como resultado de una relación de poder asimétrica, la capacidad de corrección es limitada.
Siguiendo la obra de Graeber he adaptado cinco tipos de trámites de mierda.
Lacayos: trámites para recordarte quién manda.
El nivel más básico de trámite de mierda es el trámite lacayo. Es un trámite cuya finalidad o presentación sirven para recordarte de manera patente que quien manda es la administración. En muchos casos esto es así, y es objetivo, y es lógico, por ejemplo, en la solicitud de una licencia de armas. Sin embargo, en otros casos derechos que son inalienables vienen acompañados del término “solicitud”. Los trámites lacayos recuerdan que, aunque un derecho sea tuyo, tienes que pedírselo a la Administración que luego te dice si lo puedes ejercer o no.
Es el caso de, por ejemplo, la solicitud de una licencia de estudios. Conceptualmente, si algo es un derecho, su titular no solicita, informa. Algo parecido pasa con la “solicitud de ejercicio de derecho de acceso a la información pública”. En el ejercicio de derechos, el ciudadano es el titular y la administración debería actuar para limitar solo en los casos en los que se exceda o no exista. En ese caso, más que solicitar, sería informar o comunicar la voluntad de ejercer ese derecho. A fin de cuentas, dar a la ciudadanía esa titularidad que tiene y no mostrar que, incluso cuando el derecho es suyo, conviene pedirlo.
Corrección: En este caso, hablamos de eliminar trámites si no son necesarios o, si lo son, por cuestiones de orden o de gestión, corregir la nomenclatura por algo más adecuado.
Trámites sicarios: la intimidación como camino más corto
Un trámite sicario ejerce la función de la cabeza de caballo en la icónica escena de El Padrino. La administración recuerda al destinatario que si no cumple, las cosas le iran regular o mal. El trámite sicario por excelencia es el que lleva el procedimiento sancionador con la fórmula de pronto pago, o casi todo el procedimiento tributario. Los sobres con el plástico negro de la Agencia Tributaria tienen efectos en la tensión sanguínea dignos de ser estudiados por al OMS.
El trámite sicario, por lo tanto, trata de disuadir la oposición ante la administración reduciendo esfuerzos e incertidumbre a la organización y costes al contribuyente. Sin embargo, a quien le toca, le deja mal cuerpo y pocas ganas de repetir la situación que ha llevado a encontrar una cabeza de caballo en el buzón de correos.
Los trámites sicarios, al igual que ocurre con los lacayos, lo son más por presentación que por naturaleza. La mayoría de los casos en los que hay expedientes sancionadores obedecen a una razón concreta, pero la manera de advertir el mayor de los daños, con la oferta de reducirlo si no discutes hace que recibir uno de estos es el equivalente a que Long John Silver recibiera La mota negra.
Corrección: Se puede evitar allanando el lenguaje, e informando claramente de derechos de protección de la ciudadanía, así como de mecanismos de apoyo que reduzcan la inseguridad.
Trámites arregladores: el solucionismo al servicio de la administración
Un trámite arreglador es un trámite que tienes que hacer porque algo no ha ido bien. Podríamos decir que es lógico tener una salvaguardia para cuando las cosas salen mal, pero a veces parece que hay que hacer un trámite porque que salgan mal es frecuente. Uno de mis trámites arregladores de referencia es la reclamación a los Consejos de Transparencia: tenía el legislador tan claro que no se iba a cumplir la ley, que se crearon órganos y trámites para que se corrigieran los desvíos. No sólo es eso, sino que, además, el funcionamiento de los trámites arregladores es que no arreglan.
Otro de los trámites de mierda que uso porque debo ser tonto son las quejas y reclamaciones que no sirven nada más que para que:
Te den la razón, una palmadita en la espalda y que te quedes igual
Te digan que les da lo mismo, y te quedes igual
Recientemente presenté una queja a un organismo y batió el record de desfachatez cuando la respuesta no correspondía ni siquiera a la pregunta. Aunque tengo también la vez que la Agencia Tributaria me des-recomendó usar un método suyo de pago por errores, o me negaron una beca porque, bueno, tenía razón, pero ya que se le iba a hacer.
Cuando alguien pone una queja, espera al menos reconocimiento, contrición o escucha, pero generalmente se lleva la sensación reforzada de que si las cosas no van a peor es porque no se les ha ocurrido nada nuevo.
Un nuevo coloralio es el de los asistentes de IA para aclarar la terminología en las webs de las administraciones públicas en vez de escribir en ciudadanés básico.
Solución: Primero, no cagarla, pero si la cagas, acéptalo. Y si no la cagas, pero alguien cree que la cagas, explícale por qué no la has cagado y por qué lo que has hecho no es una cagada. La gente es menos tonta de lo que parece.
Trámites marcadores: trámites para controlar procedimientos.
Los trámites marcadores sirven apara aumentar el control y reducir la inseguridad de la administración ante un proceso. Esto está bien, no queremos que la administración se equivoque. Sin embargo, cuando la administración carga a la ciudadanía con una comprobación que puede hacer ella más rápido y mejor, está recordandote que si no tienes que hacer más cosas es porque no las necesita.
Mi trámite marcador favorito es el alta de terceros, que no echaré de menos ni un solo día de mi vida. Para los que no hayáis disfrutado de esta experiencia, se trata de un documento que tienes que hacer para cada administración que te vaya a pagar con tus datos bancarios, tu dirección y un certificado del banco (con sello, que vale actualmente unos 3 euros) diciendo que tu cuenta es tuya. El lore de la administración dice que es para evitar que te pague a una cuenta que no está a tu nombre. Sorprendentemente, sin certificado ni nada, la Agencia Tributaria conoce hasta la cuenta que te abrió tu abuela con 5 años con 1000 pesetas y que no has usado en tu vida, pero para pagarte-en-cada-administración tienes que hacer el mismo papel.
Afortunadamente, los trámites marcadores han ido bajando gracias a las tecnologías, y ya no necesitas aportar títulos universitarios, DNIs, volantes de padrón o la declaración de la renta para casi todo… pero creo que tendríamos que ir más adelante.
Eso no quita que tengamos otros trámites nuevos, como por ejemplo, la cita previa electrónica que permite planificar los recursos de gestión de una dependencia pública y, a la vez, generar miles de personas frustradas por no conseguir cita y el afloramiento de un mercado negro de citas previas que cotizan según la importancia vital del ciudadano. Si esto no es un trámite de mierda, no sé qué más puede serlo.
Solución: Más tecnología, más centralización y más control final en vez de pedir mover papeles por cada lado cientos de veces.
Trámites de coordinación: para aumentar las cargas de trabajo
Los trámites de coordinación tocan poco a la ciudadanía, pero tienen un impacto enorme dentro de las administraciones. Especialmente cuando se trata de coordinación con administraciones de niveles más centralizados de gobierno u órganos administrativo de mayor relevancia que no realizan el grueso del trabajo, pero requieren estar al tanto de lo que se hace por si acaso. El trámite de coordinación es la copia en el correo a 25 personas para salvarse al culo, o las doscientas reuniones antes de tomar una decisión que sea más o menos relevante.
En el plano organizativo, los trámites de mierda suelen ser los comités, grupos de trabajo, consejos y similares (dentro de la Administración), o los consejos de dirección, y comités de seguimiento en contratación. En estos casos normalmente la dirección no recae en quien tiene que hacer el trabajo, ni siquiera tomar las decisiones, sino quien tiene una posición más elevada. Quienes están en esa posición se sienten refrendados, los que están por debajo, más tranquilos porque la jefatura está informada, lo que en teoría descarga responsabilidad en caso de descarrilamiento, y el número de horas de trabajo perdido, crece.
Solución: Reducir las reuniones de coordinación/direcció/seguimiento, aumentar la delegación y la confianza y hacer controles finalistas de resultados.
Conclusión
Lo cierto es que los trámites de mierda son una experiencia que prácticamente todo el mundo ha vivido de una manera u otra, y lo experimenta con mayor o menor intensidad.
Creo que esto no obedece a la voluntad de una persona o personas, sino de una naturaleza estructural cimentada en valores, miedos y aprendizajes institucionales. Tanto es así, que muchas personas que son ejecutoras de estos trámites, son víctimas de otros con resultado a veces explosivo.
No se trata de regodearse en el sentimiento de frustración o la rabia, ni de justificar cosas que sabemos que se puede hacer mejor, sino de definir, como se ha venido haciendo, una administración en la que la ciudadanía sea tratada como personas adultas y titulares de derechos.
Lo que tengo seguro es que hay más trámites de mierda y, probablemente, más tipos de trámites de mierda que los que he detallado aquí, así que, si se te ocurre alguno, déjalo en los comentarios de esta entrada o de la red donde lo leas.
Y de paso, aprovecho para desearte todo lo mejor para 2026.






Este año he sufrido los mayores trámites de mierda: demostrar ante el SEPE que mi marido falleció y no podía presentarse a renovar la demanda de empleo, más luego recibir la comunicación diciendo que hay que devolver la cantidad indebida... a su buzón de dehú (que yo no puedo abrir) para luego recibir una carta intimidatoria de que me iban a cargar demora por no pagar en plazo.